Ciudades pequeñas para un planeta pequeño.

Por Pablo Simg

Hace un par de días se dieron a conocer las modificaciones en el Reglamento de Construcción de la Ciudad de México, en el cual destacan principalmente: la sustitución del requisito mínimo de cajones de estacionamiento por un máximo permitido, la implementación obligatoria de estacionamientos para bicicletas, la inclusión de andenes de carga y servicio, así como bahías de ascenso (drop-off) en edificaciones mayores a 5,000m2, entre otras adecuaciones.

Es preocupante la cantidad de espacio y dinero que se invierte para la movilidad en automóvil.

Por mi parte, como actor directo dentro de este tema me es grato exponer las bonanzas, así como las áreas de oportunidad respecto a esta política de reordenamiento urbano.

De fondo se buscan resolver la inmensa extensión de la Zona Metropolitana del Valle de Mèxico y el desmedido uso del automóvil, consecuencia de la primera. Las problemáticas son consecuencia de una falta de política de planeación y regulación urbana, que permitieron la propagación de la casa unifamiliar alejada de los centros de trabajo, así como la ideología del automóvil como objeto aspiracional; lo cual desencadena un gran problema: la gran ineficiencia del espacio construido.

Los cánones del urbanismo dictan que idealmente debemos contar con los servicios necesarios (comercio y abasto, salud, educación, recreación, trabajo) en radios entre 250m y 1.5kms de nuestra vivienda. Y en caso que por determinada circunstancia tuviéramos que utilizar aquellos servicios de otra localidad, en el rango de distancia antes mencionado debería haber un medio de transporte que nos permita cubrir mayores distancias. Lo ideal sería que fuera un medio de transporte colectivo, pero en nuestra latitud hay quienes piensan que lo ideal es el coche propio.   

En contraposición a lo deseable, un automóvil en esta Ciudad desplaza 1.2 personas por unidad (una máquina de 1250kg promedio que mueve 84kg a una velocidad promedio en embotellamiento de 7km/h). Un cajón para automóvil requiere 2.5x5mts, 12.5m2; un humano parado puede estar cómodamente en un espacio de 0.60×0.60mts, 0.36m2, por lo tanto el espacio que ocupa un cajón para autos podría dar cabida aproximadamente a 35 personas. En cuanto a su circulación, el auto requerirá una calle de al menos entre 5 y 6mts de ancho libres por la longitud del tramo necesaria. Por lo tanto, cada cajón consume entre 20 y 30m2 de área construida; además, por cada auto se requieren dos cajones de estacionamiento: el de origen y el de destino.    

Torre Virreyes tiene 2,238 cajones de estacionamiento desplantados en 16 niveles subterráneos, Artz Pedregal tendrá 6,600 cajones en 6 sótanos. La pregunta es: ¿Qué podríamos hacer con esos m2 si no tuviéramos que destinarlos a estacionamiento? ¿En qué se podría invertir el dinero destinado a ese espacio excedente dedicado a alojar automóviles? ¿Podríamos hacer edificios más económicos si les restamos el costo de construir tanto estacionamiento? ¿Realmente van a estar ocupados al mismo tiempo esos 6,600 cajones?

Créditos: @ferunanda

Una solución a destacar es Torre Diana, diseñada por Colonnier y Asociados, donde se destinaron los primeros 6 niveles sobre nivel de banqueta para cumplir con los requisitos de estacionamiento, pero están diseñados de modo que si operativamente disminuye la demanda de estacionamiento, estos niveles pueden ser reconfigurados como oficinas.   

Hoy en día tenemos una ciudad que se ha expandido en capas a través del tiempo, sabemos que no podemos partir de una tabla rasa y comenzar de cero. Estamos conscientes de que temas políticos e ideológicos nos separan de esa utopía, o siquiera asimilar otras urbes en cuestión de movilidad y planeación urbana. Por lo tanto, estamos conscientes de que no vamos a desaparecer por completo los aparcamientos.

Probablemente los próximos edificios que se edifiquen en la CDMX contarán con más del 50% del máximo de cajones permitidos, por lo que el desarrollador tendrá que pagar una multa destinada al Fondo de Movilidad. Hay un optimismo en el hecho de que haya una recaudación para la mejora y expansión de la red de transporte público, sin embargo, la corrupción, la mala ejecución en las obras o falta de coordinación con las entidades colindantes, harían que las bonanzas de esta nueva Norma sean minimizadas.

Colonias con espacios cambiables no sólo mejoran la calidad de vida pero tienen mayor plusvalía.

Más allá de una decisión “populista”, desarrolladores, arquitectos y urbanistas llevamos tiempo haciendo énfasis en la necesidad de destinar mayor inversión al transporte público, promover la diversidad y proximidad de usos (vivienda, oficina, comercio, etc) dentro de una misma colonia, el revalorar áreas verdes y espacio público, edificar más vivienda en locaciones céntricas. Actuamos bajo la premisa de lograr una ciudad vertical, compacta, caminable. Ciudades pequeñas para un planeta pequeño.     

Pablo Simg es arquitecto egresado por el Tec de Monterrey.

Actualmente labora en Colonnier y Asociados.